Tomate y salud cardiovascular: lo que la ciencia nos cuenta sobre el licopeno

El tomate forma parte de nuestra alimentación desde siempre siendo uno de los alimentos más habituales de la dieta mediterránea en territorios como España, Italia o Grecia. Está presente en las recetas de casa y en muchos de los platos que compartimos cada día. Además de ser versátil y sabroso, también contiene nutrientes muy interesantes para nuestra salud.
Una reciente publicación de La Razón recoge las declaraciones del cardiólogo Aurelio Rojas, quien señala que las personas con una mayor ingesta de tomate o con niveles más elevados de licopeno presentan un menor riesgo de determinados problemas cardiovasculares. El especialista también explica que este compuesto puede aprovecharse mejor cuando el tomate se consume cocinado y acompañado de una grasa saludable, como el aceite de oliva virgen extra.
¿Qué es el licopeno?

El licopeno es un pigmento natural de la familia de los carotenoides, responsable en gran medida del color rojo del tomate. También está presente en alimentos como la sandía o el pomelo rosado.
En el organismo actúa como antioxidante, ayudando a proteger las células frente al estrés oxidativo. Este proceso resulta especialmente relevante para la salud cardiovascular, ya que la oxidación y la inflamación intervienen en el desarrollo de diferentes alteraciones de los vasos sanguíneos.
Sin embargo, ningún alimento puede prevenir por sí solo una enfermedad. La salud del corazón depende del conjunto de la alimentación, la actividad física, el descanso, el tabaquismo, la presión arterial, el colesterol y otros muchos factores.
¿Comer tomate ayuda a cuidar el corazón?

Una revisión sistemática y metaanálisis de 28 estudios relacionó las concentraciones más elevadas de licopeno con un menor riesgo de enfermedad cardiovascular y de accidente cerebrovascular. No obstante, no se observó una relación significativa con el infarto de miocardio.
Por ello, lo más riguroso es afirmar que el consumo de tomate puede asociarse con una mejor salud cardiovascular, especialmente cuando forma parte de una alimentación equilibrada, pero no que evite directamente un infarto.
Además, gran parte de la evidencia procede de estudios observacionales. Esto significa que las personas que comen más tomate también podrían mantener otros hábitos saludables que influyan en los resultados.
Tomate crudo, cocinado y con aceite de oliva
Tanto el tomate crudo como el cocinado tienen cabida en una alimentación saludable. El tomate crudo aporta agua, fibra y diferentes vitaminas, mientras que el calor y el triturado pueden facilitar que el organismo absorba mejor el licopeno. Como este compuesto es liposoluble, su aprovechamiento también mejora cuando se acompaña de una fuente de grasa. Por eso, la combinación de tomate y aceite de oliva virgen extra resulta tan interesante desde el punto de vista gastronómico y nutricional.
Una salsa casera, un sofrito, una crema de verduras, un gazpacho o un salmorejo son formas sencillas de incorporar esta combinación a nuestra alimentación. En preparaciones sin cocción, como el gazpacho, el triturado y la presencia de aceite también pueden favorecer la liberación y absorción del licopeno.
Como ves, este producto tan simple puede ser un gran aliado dentro de una dieta rica en proteínas, verduras, frutas, legumbres, cereales integrales, frutos secos y aceite de oliva virgen extra. Su valor no depende únicamente del licopeno, sino del conjunto de nutrientes que aporta y de su presencia dentro de un patrón alimentario saludable.
A veces, cuidar nuestra alimentación no requiere buscar soluciones complicadas, puede comenzar con alimentos cercanos y de siempre. Un buen tomate, un poco de aceite de oliva y una forma de cocinar que respete el sabor del producto es esencial.
En Biosabor cultivamos tomates ecológicos bajo el sol de Almería, cuidando su origen y todo el proceso hasta que llegan a la mesa, ya que comer de forma saludable también puede ser sencillo, cercano y sabroso.